Monday, October 02, 2006

coqueteos con la muerte (a anne sexton) rosa lópez de diego [españa, 1967]


Con felino cigarro en la mano, sentada en un cruce imposible de piernas,
la profesora de literatura adúltera se enrosca el cabello en su dedo de bruja,
y confiesa sus pecados ante una clase de madres sin vocación
y cazadores con la virilidad cargada en la escopeta.
Dios también está presente desde su trono de hierro.
Se sirve un cóctel de torazina e inicia la lectura de su carta al demonio.
Paloma transgresora, con agujas en las alas y un aborto de suicidio en la falda.
Lleva depilado el deseo de los muslos y la maternidad se ha enmarañado en su sexo.
Sus muñecas etiquetadas aún veranean en el hotel de los locos.
Menstruando flores lascivas, intenta cerrar sus goznes con la poesía agónica de su útero.
Por si se escapa el amor.Lleva prendida en el seno una niña muerta y
habla de sus huesos masturbados por bailarines privados,
de la carne magullada por sus píldoras antipático.
Profeta de mujer casada con el ama de casa,
prejuicio de hombre estrecho de sentimiento
y de obsceno tacto.
Con un Martini delante, junto a Plath, hablan de la muerte,
como polillas atraídas por la luz, y resplandecen.
Por la tarde, el amante de turno no satisface su polifórmico cuerpo,
y se encamina, sucedáneo de mujer, de hija, de madre,
a su diaria orgía de luto en una sesión psiquiátrica.
Está atada de pies y labios, y sus manos disparan palabras dolorosas y crucificantes. Implacables.
Un ángel se acerca para inyectarle un beso drogado,
y la leche que mamó se convierte en lava y resbala,
como lija por su piel, limpiándola de sueños y deseos.
Con monóxido de carbono en la mirada,
está inhalando muerte ante unos aprendices de verdugo,
con el dudoso privilegio de presenciar una ejecución en directo.
"Las ratas no viven de ninguna estrella maligna", eligió con esperanza en el borrador de su epitafio.

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